Educación

                                                        

Educación, tecnología y humanidad                  

     

                                                       “Si algo exige el progreso tecnológico es que haya un progreso humano equivalente,

                                                                      de lo contrario la diferenciación entre hombre y máquina  será tan sólo una quimera”

 

Hablar de educación en tiempos de revolución tecnológica, nos enfrenta a un mundo de infinitas posibilidades. La multiplicidad de instrumentos disponibles para potencializar los objetivos educativos están al alcance de la mano y pese a que requieren tiempo y dedicación para aprovecharlas al máximo, facilitan sin lugar a dudas esta honorable tarea.

Pero en mi opinión siguen siendo eso: herramientas. ¿Cómo mantener la cordura en tiempos donde el avance tecnológico ejerce sobre nosotros una seducción irresistible? La clave, es a mi juicio tener claro cuáles son los medios y cuál es en últimas, nuestro fin. Aunque este ejercicio es aplicable a todos los tópicos que se ven hoy transformados por el avance científico, es fundamental hacer esta reflexión sobre la educación. No existe un poder mayor al de las ideas, y la manera como estas se gestan y se irradian debe importarnos a todos sin excepción.

Dicho esto. ¿Cuál es el propósito de la educación hoy? ¿debe seguir educándose de la manera como se ha venido haciendo? ¿Qué responsabilidad le cabe al sistema educativo en nuestras bancarrotas sociales?

Dice el conocido lingüista Noam Chomsky en una  entrevista presentada en la Conferencia “Aprendizaje sin Fronteras”, en respuesta al primero de los cuestionamientos, que el propósito de la educación debe ser coadyuvar a la formación de individuos capaces de aprender por sí mismos: personas autónomas y capaces de dirigir su propio descubrimiento del mundo. Si esto es así, la principal preocupación para padres, docentes y todos aquellos que ejerzan algún tipo de influencia sobre otros, es inspirar el deseo de aprender y no suponer que acumular datos es lo mismo que educar.

Hoy se valora más el camino recorrido de manera personal y libre, que el adoctrinamiento ejercido por ciertas instituciones sociales que desconocen la particularidad de cada individuo y pretenden uniformizar el progreso mediante pautas guiadas por intereses distintos a los deseables. No se educa para aumentar el PIB de un país: se educa para hacer mejores seres humanos y es esa bondad lo que hará mejor a un país.

Un estudiante incapaz de cuestionar la autoridad, la teoría o la estructura es un autómata cuyo rol es consolidar los elementos del status quo, el cual convengamos, no es un ejemplo de justicia social y que enorgullezca a la humanidad.

Tenemos que educar seres libres porque es aún mucho lo que hay que remendar y lo que falta por crear. El papel de la educación es entonces inculcar el amor por el conocimiento, porque es gratis, porque entre más se comparte más crece, porque produce satisfacciones inmediatas y porque es una pasión que no se sacia jamás.

Es fundamental por otro lado la creación de marcos de referencia que guíen ese proceso de autoconocimiento y descubrimiento, marcos generales totalmente abiertos a la complejidad del mundo, que sean capaces de mostrar y comprender las múltiples facetas de un mismo fenómeno, marcos multidisciplinarios  y abiertos que muestren los efectos económicos, políticos, tecnológicos y éticos de cualquier objeto de análisis.

Si no se tiene claro a dónde dirigirse, las herramientas tecnológicas seguirán utilizándose para replicar los mismos modelos de educación y se reproducirán sus mismas limitaciones. Respecto a este tema puede consultarse el debate muy actual entre las las plataformas cerradas (LMS) Learning Management Systems y las plataformas abiertas[1], donde se observan varias observaciones en este sentido.

Pero el debate no debe quedarse en los términos científicos y es preciso pronunciarse en términos éticos ¿Qué incidencia real están teniendo las nuevas tecnologías en educación sobre las  poblaciones menos favorecidas? ¿Están dirigidas las políticas públicas en materia educativa a la inclusión de estos sectores? en otras palabras, es ¿coherente hablar de “alfabetización digital” cuando aún la alfabetización tradicional no ha llegado a los niveles máximos? ¿Inciden las NTIC’s en la reducción de la pobreza?[2]

Responder estas preguntas y considerar los impactos reales de formar ciudadanos y comprometerlos con sus comunidades es una instancia ineludible en el diseño de proyectos educativos.

Las consideraciones éticas  reivindican nuestra humanidad, que es a final de cuentas, nuestra única ventaja frente a la tecnología.

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