*Escribir código pero con Códigos. La otra brecha digital.

Tengo muchas debilidades, pero dentro de ellas la que más me somete es la debilidad por la tecnología. Poder constatar por mis propios medios la evolución del conocimiento y sus aplicaciones prácticas me quita el sueño (metafórica y literalmente) y es así como no pasa un día sin experimentar con un nuevo programa, aplicación o sistema y que el asombro no se dibuje con claridad en mi rostro. Y digo experimentar porque muchas veces ni entiendo, pero la curiosidad me gana y a fuerza de errores termino comprendiendo. Una comprensión sin destreza pero suficiente para que a pesar de haber estudiado leyes, política y economía, entienda qué significan los lenguajes de programación. Esos nuevos idiomas que están transformando al mundo y que no pueden seguir siendo ignorados por los que crecimos bajo la dicotomía inclemente entre las ciencias sociales y las naturales y quienes necesitamos hoy desesperadamente, construir puentes entre ellas.

El tono autorreferencial de este post, del que pido una licencia por ser domingo, tiene dos objetivos: Hablar en primer lugar de cómo eliminar las brechas que la tecnología crea tras de sí y de los retos que estas nos imponen. La brecha digital más conocida es la que existe entre los grupos que tienen acceso a las nuevas tecnologías y los que no, aunque debo admitir que el debate es insuficiente y es muy probable que sus efectos estén incidiendo en las cifras de desigualdad económica sobre las que todos sabemos, hay una gran deuda pendiente.

Sin querer menospreciar la importancia de esta brecha, quiero hacer énfasis en una más sutil y es la que se está creando entre los profesionales tradicionales no entrenados en las nuevas tecnologías, y las generaciones que nacieron bajo el dominio de ellas. Mi preocupación va en ambas direcciones, en el caso de los profesionales tradicionales me inquieta saber que toda su experiencia no llegue efectivamente a las audiencias por desconocer los nuevos canales comunicantes, las nuevas lógicas y dinámicas que impone el acelerado ambiente digital. Por el otro lado lamentaría que los fascinantes genios precoces que esta engendrando esta era carecieran de la formación humanística necesaria para comprender el gran poder que tienen en sus manos.

Para ejemplificar mi punto, solo basta echar una mirada al desarrollo del periodismo para comprender su radical transformación a partir del surgimiento de “los datos abstractos” como fuente de información valiosa. Wikileaks fue el precursor de este estilo de periodismo que liberó información que permanecía oculta sobre asuntos de injerencia y decisión pública. Otorgando de este modo un protagonismo a la ciudadanía, a sus opiniones y deducciones en un entorno de comunicación colaborativa en múltiples direcciones. El periodista Marcelo J. García percibe con claridad estas transformaciones en su columna en el Buenos Aires Herald al afirmar que hoy el periodismo se encamina a un estilo más anónimo y colectivo y menos centrado en figuras individuales.  

Pese a todo, es fundamental no olvidar en el camino que la tecnología es una herramienta. Un conjunto de técnicas puestas a nuestro alcance para ejecutar un propósito. Es en ese punto donde es preciso achicar la brecha entre humanistas y programadores, para que los primeros no se conviertan en analfabetas digitales y los segundos no sean inventores prolíficos sin dirección. Espacios de interacción como  los propuestos por Hacks Hackers Buenos Aires, son un muy buen comienzo.

No podemos correr el riesgo de que la tecnología sufra el mismo destino de neutralidad valorativa que caracterizó a la ideología económica monetarista que concibió nuestras actuales crisis sociales. No hay duda de que tener respuestas al cómo hacer las cosas infunde tranquilidad y euforia pero es preciso recordar siempre para qué hacerlas.

Edgar Morin ha dicho que

“hay tres direcciones de la ética: una ética para uno, para su honor para admirarse uno mismo, una ética para la sociedad que se necesita sobre todo en las sociedades democráticas donde hay un poder de control de los ciudadanos y una ética para la humanidad que hoy en día ha tomado una significación concreta puesto que allí está en juego el destino de todos los humanos”[1].

La tarea para quienes creemos en la ética colectiva y no individualista  es desarrollar conciencia sobre esta otra brecha y construir estos puntos de contacto, favoreciendo el discurso de “escribir código, pero con códigos”.


[1] “Ética y globalización” en RazonPublica.com

* La ilustración que acompaña este post se titula Lack of Knowledge y es realización de  Julianna Brion 

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